¿Pueden terapeuta y paciente tener contacto entre sesiones?

El otro día, un compañero me hizo esta pregunta a través de Facebook:

¡Hola! He estado leyendo algunos artículos de tu blog y viendo algunos vídeos de tu canal de youtube. Me gusta mucho tu forma de trabajar, que tiene muchas similitudes con la que aplico con mis pacientes. Me gustaría saber si tienes algún artículo, vídeo o consejo relacionado con el contacto entre sesiones entre paciente y terapeuta. La pregunta que más me interesa sería cómo encontrar el equilibrio entre no fomentar una dependencia dañina hacia nosotros (que además nos puede llevar a sentirnos invadidos) y a la vez atender esa necesidad del paciente y que no se sienta abandonado por nosotros. Muchas gracias 🙂

¡¡¡ Es excelente la pregunta !!! Desde aquí muchas gracias Christian por la oportunidad que me brindas de tratar un tema que a veces es tabú entre los profesionales.

Voy a desmenuzar todo lo que Christian nos cuenta:

¿Pueden terapeuta y paciente tener contacto entre sesiones?

Empecemos definiendo en qué consiste esto del “contacto entre paciente y terapeuta entre sesiones” y así evitamos algunos malentendidos. 😉

Aspectos para mí que son importantes en ese contacto:

  • Siempre es iniciado por el paciente, no por el terapeuta.
  • Sí, las excepciones que siempre hay: cuando el terapeuta tiene que cambiar una cita por algún imprevisto que le surja, o algo similar…
  • El terapeuta abre la posibilidad de comunicación entre sesiones en el encuadre terapéutico, especificando las vías que se utilizarán: email, mensajes de teléfono, llamadas de teléfono. Cada terapeuta debe elegir aquello con lo que se sienta él/ella cómodo.
  • Y el paciente elige usarlo (o no) cuando necesita hacer una consulta, necesita desahogarse, necesita saber que su terapeuta “está” en ese período en el que no se ven.

Y es fundamental también establecer un encuadre de estos “encuentros”. Te cuento el mío, para que te sirva de ejemplo:

  • En la primera sesión al dar mi tarjeta de visita comento que pueden ponerse en contacto conmigo entre sesiones siempre que lo deseen.
  • Informo que el medio mejor para comunicarnos será el email, y que si desean hablar conmigo, me lo comunicarán por email y yo los llamaré cuando me sea posible.
  • También comento que siempre voy a responder a los emails, pero que si es día festivo, es probable que tarde en responder uno o dos días.
  • Esto no quiere decir que con todos mis pacientes sea así…después con cada uno y según sus características me flexibilizo, o establezco nuevas “normas”.

¿Fomenta la dependencia dañina?

Es verdad que no es la primera vez que escucho esto de que psicólogos y terapeutas podemos fomentar la “dependencia dañina”. Y, honestamente, creo que quien dice algo así no ha comprendido nada de lo que implica una relación de ayuda como la que se establece entre terapeuta y paciente.

Tal vez puede herir sensibilidades haciendo esa afirmación, pero… decir que la dependencia que establece un paciente con su psicólogo es dañina, es lo mismo que decir que la dependencia de un bebé con su mamá es perjudicial para el bebé.

¿Qué es una dependencia dañina?

Una dependencia dañina lo es cuando existe una necesidad muy grande y continua de afecto, y el “abusador/a” se aprovecha de esa necesidad para su propio beneficio. Y excepto en situaciones de mala praxis, eso no ocurre en la relación terapéutica.

Tuve el caso de una paciente que me contó que yo era su tercera terapeuta. Al primero había acudido para que lo ayudara a separarse de su marido, y lo que ocurrió es que ella se enamoró de él, y el psicólogo abusó de ella, haciendo real esa relación, es decir, se hicieron “pareja”, durante un par de años. Cuando logró dejar a su terapeuta/pareja, comenzó con otra psicóloga, estuvo también un período largo (2-3 años) pero mi paciente decía “no me ayudó a nada”.

Lógicamente, el primer psicólogo de mi paciente actuó con mala praxis: usó la necesidad extrema y continua de cariño de mi paciente, para su beneficio personal.

La segunda psicóloga puedo imaginar que mantuvo la distancia emocional, y no le permitió a mi paciente cubrir esa necesidad grande y continua de afecto.

Y, yo que fui su tercera terapeuta, me pasé un primer año de terapia con ella de una intensidad emocional muy muy fuerte, con expresiones de enfado por no tener lo que ella quería, con provocaciones permanentes (falta de sesiones, llegar tarde, no quererse ir a su hora, llamadas y emails a horas impropias…), hasta que con el tiempo, pude-pudimos entre las dos, ir regulando esa necesidad suya de amor incondicional por parte de su figura de cuido.

¿Existe una dependencia “sana”?

Claro que sí. En la relación terapéutica, el paciente por definición, “depende” del terapeuta. Y el terapeuta debe favorecer esa “dependencia”.

La única forma que tenemos de reparar un daño en el estilo de apego de nuestros pacientes es implicándonos con ellos todo lo que nos sea posible a nosotros.

La paciente que os he contado antes, por ejemplo, para sanar esa parte suya en la que no puede estar con una pareja más de 2-3 años, su sentimiento es de insatisfacción permanente, NECESITA DEPENDER de alguien. Pero un “alguien” que no vaya a abusar de ella, que no la use para su propia satisfacción.

Esta mujer me ha escrito miles de emails, me ha llamado también muchas veces en período entre sesiones, se ha enfadado cada vez que me he ido de vacaciones… en definitiva, se ha permitido “depender” de mi hasta que no ha necesitado más. Como hace un bebé con su mamá.

Tras dos años de terapia, ella ya se limita al contacto durante las sesiones conmigo, ya no necesita de más. Ahora se siente SEGURA conmigo y puede realmente curar esa parte suya dañada.

¿Qué hago si como terapeuta me siento invadido por mi paciente?¡Pueden terapeuta y paciente contacto entre sesiones?

Y esta pregunta es también muy común, porque  muchos terapeutas hemos sentido algo así. Sobre todo cuando comenzamos a trabajar, cuando no estamos suficientemente sanados nosotros mismos en nuestras heridas.

Siempre que escucho algo así, me acuerdo de cuando fui mamá por primera vez y de la cuarentena de mi hijo. Todas las que sois madres, o tenéis madres recién paridas cerca vuestra, sabréis bien de lo que hablo. Recuerdo esa sensación de “mi cuerpo no es mío”, “parece como si yo hubiera dejado de existir”…

Pues bien, los bebés humanos son los mamíferos más inmaduros al nacer, por lo que necesitan “poseer” el cuerpo de sus madres para terminar de madurar, de sentirse suficientemente seguros para comenzar a explorar el mundo.

Y todo aquel que en ese período crítico no lo haya tenido con suficiente constancia, incondicionalidad y amor, se transforma en un adulto inseguro, ansioso, dependiente…

Como te imaginarás, esos adultos son los que llegan a nuestras consultas. Por lo que van a necesitar “invadirnos”… ¿cómo? pues de la forma que ya como adultos que son le son posibles…y muchos encuentran en los emails y contacto entre sesiones “su forma de invadirnos”.

¿Y podemos permitirnos esto como terapeutas? Pues depende de cada uno, de cómo de sano se encuentre a nivel de sus afectos, hasta dónde es posible para cada terapeuta llegar con su paciente.

A mi, personalmente, no me molestan los emails, y tengo automatizadas muchas respuestas que puedo dar sin sentirme sobrepasada. Y sé que así mi paciente se siente conectado conmigo en esa semana, o en ese período de vacaciones en el que no nos vemos.

Te cuento también otro caso que tuve, que su necesidad de mí en los períodos entre sesiones empezaba a angustiarme, porque, además, si no contestaba agilmente, se enfadaba y se sentía rechazado. Mi propuesta a esta persona fue simple: “durante un período de tiempo, tienes que venir 2 o 3 veces a la semana a mi consulta. Y si no lo puedes pagar, lo apuntamos y ya te pondrás al día de tus pagos cuando puedas, me da igual, quiero que vengas 2-3 veces a la semana a mi consulta”. Estuvo así 3 meses, después volvimos a regular las sesiones a una semanal y los contactos entre sesiones disminuyeron hasta sentirme yo disponible.

Así que si te sientes invadido por tu paciente, acude a supervisión o incluso a terapia personal para poder ver qué parte no curada tuya está siendo puesta de manifiesto en la relación con tu paciente.

¿Se puede sentir mi paciente “abandonado” por mi? ¿Cuáles son las consecuencias?

Según vas leyendo este artículo, podrás comprender que mi respuesta a esta pregunta es 100% afirmativa.

Nuestros pacientes en las primeras fases del proceso terapéutico, nos van a poner “a prueba”, para saber si pueden o no confiar en nosotros, si vamos a ser capaz de contener todas sus emociones no reguladas y que ellos aprendieron a esconder/negar/camuflar desde pequeños.

Las personas con un apego inseguro, evitativo o ambivalente/dependiente, necesitan que nuestra repuesta sea siempre coherente, ajustada con lo que está viviendo en cada momento, estable en el tiempo, etc Por lo que cada vez que:

  • nos vamos de vacaciones,
  • nos ponemos enfermos,
  • les cambiamos una cita,
  • nos mostramos más distantes,
  • no le damos ese abrazo que no sabe pedir, pero que necesita,

Cada vez que ocurre alguna de estas circunstancias es muy probable que nuestro paciente se sienta “abandonado”.

¿Eso quiere decir que no podemos irnos de vacaciones o enfermar? No, somos humanos 🙂 Pero sí debemos ser conscientes de lo que provocamos, y buscar la forma en que nuestro paciente pueda expresarnos la frustración que siente. Te comparto este artículo en el que traté este tema, cuando me rompí el brazo y mis pacientes se enfadaban por ello 

¿Qué consecuencias tiene si nuestro paciente no logra expresar-nos que se sintió abandonado? Pues que se va configurando una relación “falsa” donde según el carácter del paciente, se “someterá” a su terapeuta, o lo “cuidará”, o le “hará la vida imposible”, o … en el mejor de los casos, se marchará de la terapia sin más, o con cualquier buena excusa.

Ahora te toca a ti, ¿qué haces tú: permites que tus pacientes contacte contigo en período entre sesiones o limitas el contacto sólo al tiempo de sesión?

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